Ley de Intercambio Equivalente

"El hombre no puede ganar nada sin dar primero algo a cambio"
"Para crear algo de igual valor debe perderse"

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Amor sin conocer.

Nuestras miradas se cruzaron un solo instante...
Aunque jamás lo recordaste.

Aquella extraña noche mis ojos se llenaron de tu belleza interior, fue increíble, una experiencia nueva en mi interior se asomaba; hasta ese momento no creía en el amor a primera vista, en la obsesión por una persona extraña o en el capricho de conocer a quién deslumbró por largos instantes mi atención, quién se robó mis sentidos y los dejó cautivos de sus ojos.
Quizás no lo sepas, quizás no lo sospeches, pero mi alma se ató a la tuya y por largas noches no pude dormir, pensaba en tus ojos, en poder observarlos de frente; en tus labios y en besarlos tiernamente bajo algún árbol, acostados en el suelo, cubiertos por aquellas blancas nubes que invitan a la primavera y al amor a nacer en cada rincón; pensaba en tu cuerpo y en los eternos abrazos en los que a tu lado quedaría atado, añorando cada momento junto a ti y odiando al tiempo por avanzar y alejarte de mi. Quizás nunca sepas de todos estos sentimientos ni de todos los que puedo llegar a sentir.

No, no me conoces... Pero yo tampoco sé de ti, no más que tu nombre, tu profesión y el bello amor que en mi corazón nació. Te entregaría mi alma, mi vida, mis sueños y mis esperanzas; te entregaría mi cuerpo y todo lo que en el se encuentre, que aunque no sea gran cosa ni tenga grandes valores, sin ti a su lado está vacío y sin emociones, sin tu presencia cerca no tiene sentido ni camino.

Me gustaría enamorarte, conquistarte, abrazarte tímidamente, quizás robarte un beso o dos, tocar tus dedos como si fuera un error, observar tus ojos y que veas lo sincero de mis acciones. Me gustaría regalarte la felicidad, luchar por tu cariño, ser parte de tu círculo de amigos, tocar tu corazón y que sonrías sólo con mis llamadas, causarte nerviosismo al reunirnos y germinar en tu interior mariposas multicolor como las que en mi estómago habitan desde aquél día en que tu vida se cruzó a la mía y que en mis ojos tu reflejo apareció.

Mira mis ojos, mi interior, y dime que tengo una oportunidad, te aseguro no te equivocarás, pues haré lo que pueda para alcanzar tu corazón, por rozar con mi piel tu alma, por sembrar en tus sueños mi imagen y que puedas llegar a sentirme alguien cercano, alguien en quién confiar, en quien apoyarse, a quién amar. No temas, no dudes, no debes hacer nada más que darme la oportunidad, yo me encargaré del cortejo, de inventar sueños, de crear realidades, de luchar contra el mundo y sus apariencias banales, de volverte el rey de mi castillo, de defenderte y de cuidarte, de protegerte y de besarte, de observarte mientras duermes y velar tus sueños. No podría hacerte daño, no podría una mala acción de mi ser salir para lastimar tu mundo, y tampoco lo permitiría, pues serías lo más sagrado en mi mundo, tus bellos ojos siempre sonreirán, y de tus labios sólo palabras de verdad mis oídos oirán.

¿Quisieras enamorarte de mi? Sólo dime sí y tendrás mi amor, mi fidelidad, mi corazón, mi alma y mi razón. Sólo dame una oportunidad y lucharé por hacer tus sueños realidad para mantener tu alma sonriente y que esas bellas facciones jamás muestren mueca de tristeza, pues de tu alegría me enamoré y de tu inocencia me cautivé.

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