Ley de Intercambio Equivalente

"El hombre no puede ganar nada sin dar primero algo a cambio"
"Para crear algo de igual valor debe perderse"

jueves, 8 de abril de 2010

Pensar, sentir y llorar...

Vuelve el oscuro pasado a ensombrecer el presente y el futuro de una nueva vida, vuelve aquello que dejé atrás para decir "Aquí estoy, no me he ido". Hace tiempo que no me ocurría... Mentira, no puedo mentirme a mi mismo, no puedo hacerlo más. Creí haberlo olvidado, creí que esto ya no vendría, pero el ignorarlo o callarlo en mentiras no quita de mi la realidad de su presencia.

Extraña soledad que se entromete entre mi corazón y mis pensamientos, que surge de la nada para acallarlo todo, para silenciar mis recuerdos y para ensombrecer mis palabras. Creo que jamás se irá... Y sí, sigo echándote la culpa a ti. He lamentado tantas veces esto que creo es una canción repetida, gastada con el tiempo y olvidada en la memoria de mis cercanos.

Jeje... Creo que aquél recuerdo de una personalidad sombría, sumergida en la desesperanza y la desesperación, a un peldaño del suicidio, vestido de oscuros pensamientos y guiado a un futuro desértico, sin amor, sin cariño, sin calor y sin pasión... Creo que todo aquello quedó atrás, en el olvido de un momento que fue y que nadie cree pueda volver. Pero a veces siento que aquél Raúl jamás se marchó, sólo se quedó en silencio para no ser asesinado por la sociedad que lo atacaba con amistad y sentimientos, en aquél entonces, sin razón; a veces siento que vuelve, que renace en cada lágrima y cobra fuerza con cada palabra deprimente de amor irreparable, de corazones rotos e ilusiones perdidas en la sombría casa de la infelicidad, sin el amparo de un sol que les ilumine y haga regresar...
Soledad, extraña amistad, amor correspondido que no se aleja ni molesta, que no cela ni hace escenas, compañera ideal que hace surgir de mi lo que nadie ha logrado hacer. Aquella que acompaña a mis lágrimas, que toca canciones para mi dolor, vigila mis compañías para acercarse cuando la necesito; aquella que vuelve momentos felices en nada, que inventa palabras de desahogo y me convierte en un maniquí de emociones vanas, de vacíos sentimientos y de un corazón hueco, frío y sombrío... Oh Soledad que me amas, me atrapas y me ganas, me matas y revives, me acompañas y desvelas, me atormentas y alegras, me subes y bajas a terrenos superficiales.
Sí, aquél Raúl jamás marchó, se encuentra oculto en el dintel de mi puerta con ese cuchillo que nunca dejó, amenazante y esperando a que me asome para cortar mi cuello, mis ilusiones, mis sueños y mis esperanzas. Ahí se encuentra, y yo lo dejo entrar... Me gusta estar con él, sé que hace daño, sé que no es buena compañía, pero en inevitable no caer ante el poder de sus ojos, ante las lágrimas cayendo por su rostro, ante aquellas poéticas palabras o ante sus labios tiritando al frío del alma que nace en su interior; no puedo no ceder ante aquél intruso que ya es parte de mi, no puedo hacer más que dejarme caer entre sus brazos, beber del néctar de sus labios y saborear el dolor de su pecho entre mis besos, para llorar, para gritar, sólo para estar en soledad y querer morir.

Te extraño... Y a cada segundo, a cada minuto, a cada hora, a cada día te extraño más y más, pero no es ese el problema, sino que no sólo te extraño a vos, pues a cada momento que en mi vida transcurre alguien más tengo para extrañar, alguien a quién amar y a quién no corresponder, alguien a quién amar y a quién ver desaparecer, alguien más a quién ver llegar para luego marchar sin decir "Adiós", sin poder decirle "Te Amo, no me dejes solo", sin poder sólo decir "Adiós"... Ya muchas almas he visto perecer, y muchas más tendré que ver para enfriar por completo este corazón que aun late síntomas de amor, que aun no conoce la realidad de que nadie merece la pena, y que no hay lágrimas que lleven nombres, no hay suspiros que impliquen al corazón ni deseos que tengan que saciarse en la caridad de estar con alguien...

"Adiós"... Palabra difícil de expresar... Palabra que jamás he expresado ante las almas que se van... No te dije "Adiós" a ti; no pude decir "Adiós" cuando entre mis brazos murió; no pude decir "Adiós" a quién año a año me toleró y a quién ni siquiera pude ver; no pude decir "Adiós" antes de que lo llevaran a fallecer; no pude decir "Adiós" a quién un año creí amar; no pude decir "Adiós" pues desapareciste sin dar explicación; no pude decir "Adiós" pues pensé que te volvería a ver y aún no encuentro el valor de saber de ti... Jamás he podido decir "Adiós" y es ese mi mayor dolor... No... Sigo mintiendo, no es ese mi dolor, pero es la excusa perfecta para llorar un rato, para que las lágrimas caigan por mi rostro y mi corazón suspire aquellos momentos agrios que embargan toda mi razón, es sólo una excusa para liberar un rato mi humanidad y disimular ante el mundo que aquél sombrío Raúl, al borde de la nada y la soledad, no se encuentra y ocultarlo así de la mirada de quién intente buscarlo detrás de la sonrisa extraña que solo el dolor puede generar.

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