Un extraño y cegador fuego se apodera de mi alma, entre rabia y odio, entre decepción y confusión. Todo es tan confuso en estos momentos, no puedo despertar de la extraña pesadilla que llamamos vida, no existe un día en que no crea que mis pasos son de aire y se desvanecerán como el humo por sobre mi cabeza mientras el cigarrillo se apaga lentamente; un extraño pensamiento siempre se apodera de mi mente, en mi cabeza no para de dar vueltas, no para de gritar ni traer pausas a mi vida, aquél pensamiento que me alienta al suicidio, aquél pensamiento tan deprimente que me sumerge en profundas aguas que no quisiera navegar, es aquél funesto pensamiento el que me impulsa a la confusión eterna del día sin resplandor, es aquella secuela de interminables cuestionamientos lo que se apodera de mi cuerpo y me inhibe de aquella alegría de vivir, de ver el sol y disfrutar su calor.
No quisiera ser pesimista, pero el optimismo abandonó mis sueños cuando aún era un bebé, lamento mis tristes palabras pero tampoco la alegría gobernó mi corazón, sólo pasatiempos que pasaron junto al tiempo, momentos que se esfumaron en un o que cayeron con la luz del sol. Una nauseabunda mezcla de vida, muerte y dolor son los que pesan sobre mi corazón.
Volviendo, existe una gran confusión en mi cerebro, mis venas están a punto de estallar y mi pulso explota a cada palpitar llenando mi cuerpo de odiada vitalidad, un latir de mi corazón es una bomba que no cesa de destruir mi camino. Todo me confunde en estos momentos de gran dolor, un sentimiento de querer la independencia que da la vida fuera del hogar, una carrera que tiene un obstáculo que sortear y un mimado niño que desea cobijarse en su cama y no despertar hasta la hora de cenar. Cosas que deben ser, otras que quieren ser y muchas otras de las que ya no puedo correr. Quisiera hacer lo que quiero, intentar lo que puedo y cumplir todo lo que debo, más sé que en este mundo el que hace lo que quiere jamás hará lo que debe, el que cumple con el deber pierde su oportunidad de querer y ambos no logran hacer todo lo que pueden en lo que hacen ni ponen energías en lo que sí pueden pero no deben o quieren. Quiero poder hacer lo que debo, más debo poder hacer lo que quiero si creo que puedo querer lo que debo hacer.
No quisiera ser pesimista, pero el optimismo abandonó mis sueños cuando aún era un bebé, lamento mis tristes palabras pero tampoco la alegría gobernó mi corazón, sólo pasatiempos que pasaron junto al tiempo, momentos que se esfumaron en un
Volviendo, existe una gran confusión en mi cerebro, mis venas están a punto de estallar y mi pulso explota a cada palpitar llenando mi cuerpo de odiada vitalidad, un latir de mi corazón es una bomba que no cesa de destruir mi camino. Todo me confunde en estos momentos de gran dolor, un sentimiento de querer la independencia que da la vida fuera del hogar, una carrera que tiene un obstáculo que sortear y un mimado niño que desea cobijarse en su cama y no despertar hasta la hora de cenar. Cosas que deben ser, otras que quieren ser y muchas otras de las que ya no puedo correr. Quisiera hacer lo que quiero, intentar lo que puedo y cumplir todo lo que debo, más sé que en este mundo el que hace lo que quiere jamás hará lo que debe, el que cumple con el deber pierde su oportunidad de querer y ambos no logran hacer todo lo que pueden en lo que hacen ni ponen energías en lo que sí pueden pero no deben o quieren. Quiero poder hacer lo que debo, más debo poder hacer lo que quiero si creo que puedo querer lo que debo hacer.
¿Qué mayor confusión que el querer, el poder y el deber?
Una vida no resulta útil para decidir, pues siempre se ha de recordar que la decisión correcta no es siempre la mejor de las alternativas, y que la mejor de las alternativas podría no ser la mejor decisión. Palabras que suenan igual en la escritura, pero que poseen un enfoque distinto en la práctica donde se consumen en la extraña, perversa y mal llamada realidad.
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