Ley de Intercambio Equivalente

"El hombre no puede ganar nada sin dar primero algo a cambio"
"Para crear algo de igual valor debe perderse"

domingo, 13 de abril de 2008

Más allá del Universo...

Hace años que pasó, hace tiempo que lo sintió y hace mucho que quiso decirlo...
Caminaba tranquilamente por las calles pobladas de personas tan distintas y entre ellas desconocidas, era todo normal en aquella avenida tan transitada de la ciudad, todo tan normal en la vida de un joven tranquilo y todo tan normal por el sector del universo en que me lo topé.
No sé como fue que me sintió, no sé como fue lo que pasó, pero al juntar mi hombro con el suyo entre los estrechos pasadizos que las personas abrían entre nosotros un fuerte escalofrío me golpeó súbitamente por toda la espalda, me contrajo hasta el último de mis músculos y me hizo caer... caía, caía y seguía cayendo por un túnel que parecía sin final, caía y mientras lo hacia intentaba mirar a mi alrededor, pero sólo encontré a mi lado su figura cayendo junto a la mía, bajando precipitadamente por un desconocido lugar con un rumbo aun más extraño.

Cuando terminamos de caer y mis ojos se habían acostumbrado a la extraña oscuridad que nos embriagaba logré ver claramente a mi acompañante, era un joven un tanto más bajo que yo, de ojos color claro, que sonreía impresionado observando y tratando de capturar en su memoria todo lo que había y se veía.

- Qué es esto? Donde estamos? Quién eres tú?
- No sé ni qué es ni donde estamos, pero sé que me llamo Cedk.
- Perdón, yo me llamó Ehmya.

Y así comenzamos a intercambiar palabras y tratar de deducir, con la poca información que precisábamos, del lugar donde estábamos.
A lo que inventamos sería un norte veíamos una extraña estrella color blanco impecable que era la fuente de la luz que nos permitían observar lo demás, a lo que seria un Sur había un extraño objeto, era así como un gran circulo de color negro aun más profundo al resto del lugar y del cual no había brillo alguno, a nuestro Este se veían miles de cientos de estrellas y objetos menos luminosos, pero aquello que más nos impactó fue aquello que vislumbramos en dirección a nuestro nuevo Oeste, era un extraño mundo, era como una puerta en medio de la nada, desde donde salia un extraño olor, era algo irreconocible para nosotros.
Intentamos movernos y descubrimos que podíamos avanzar en la dirección que elegíamos, pero había una cierta tendencia que nos obligaba a ir hacia aquella esfera negra oscura en el Sur.
Pensamos y meditamos un momento, y decidimos acercarnos a aquella extraña puerta que podíamos inferir se encontraba a menos de un kilómetro de distancia.
Lentamente nos acercábamos a ella y a medida que esto sucedía, ésta se veía más y más grande, tanto llegó que por momentos sentí miedo de acercarmele más y que me cayera encima, pero Cedk avanzaba sin más temor que el mio, por lo que proseguía el camino hasta el infinito.

Dos pasos nos separaban de aquella puerta, dos pasos nos separaban de lo escondido y más lejano del universo, dos pasos nos separaban de aquello que nos es desconocido por naturaleza. Con miedo en nuestros ojos y adrenalina recorriendo cada vena nos miramos y asentimos levemente con nuestros rostros empapados de lo que pudo haber sido sudor, elevamos nuestras manos hacia aquella gigantesca puerta, la empujamos para abrirla... Pero nada pasó.
Intentamos nuevamente y así otra vez, pero la puerta no se movía, y mientras más intentábamos el oscuro agujero no hacia gastar más fuerzas, por lo que al cabo de unos momentos no teníamos más en nuestros cuerpos que el alma que llevábamos, las fuerzas nos abandonaban y así nos dejábamos arrastrar hacia el oscuro destierro que seria la muerte...

Un grito... el primer sonido que escuchaba en aquel lugar y luego, al ver a mi lado, Cedk extendía por última vez su brazo en dirección a aquella inamovible puerta. Sin tocarla, se abrió y un fuerte calor golpeó mi frente, un tormentoso dolor invadió mi cuerpo desde la cabeza al resto y me paralicé. No podía ver, la luz de la puerta era cegadora y el dolor que sentía me había aturdido.

Al fin cuando abrí los ojos pude ver lo que sucedía a mi alrededor. Eramos dos jóvenes que acabábamos de estrellarnos el uno contra el otro en medio de la transitada avenida, Cedrik y yo acabábamos de caer al suelo, y aquél grito provenía desde la realidad, desde el mundo del que me había caído, y aquél extraño espacio era sin lugar a dudas el fin del universo, el lugar más remoto, fuera del mundo, allá donde no existe más que un abismante agujero negro de nuestros temores y pesares, donde el sol que nos alumbra se encuentra al norte de nuestras vidas para ayudarnos en la oscuridad, donde al ver al este encontramos a aquellas personas que más nos quieren, aquellas estrellas que conforman nuestros firmamentos y donde, gigantesca, luchamos por abrir la puerta a nuestras realidades, al mundo del que nos escondemos y al mundo al que con llave mantenemos. Es difícil saber la dirección que tomar y más difícil es reconocer nuestra verdad, a veces necesitamos de una ayuda extraña para caminar juntos y así encontrar la llave que nos abre a la verdad.

No así, Cedrik y yo, entendimos que aquello era nuestro interior, que sin pensarlo rozamos nuestros hombros enviándonos a nuestro ser, y que sin la ayuda de aquel que no habla y siente igual a ti no hubiéramos podido salir, siendo arrastrados hacia la oscuridad del miedo. Desde ahí mantenemos contacto y desde ahí mi puerta se mantuvo abierta, al mundo y a mi.

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