Ley de Intercambio Equivalente

"El hombre no puede ganar nada sin dar primero algo a cambio"
"Para crear algo de igual valor debe perderse"

viernes, 7 de marzo de 2008

El comienzo de mi romance en Ness bajo los ojos de un DerMond.

Vuelve a caer la noche y comienzo a despertar para intentar subsistir en esta forma, hoy se cumplen años de mi pasada vida, es el cumpleaños de mi cuerpo mortal, ¿Cuántos? Ni idea, hace siglos que dejé de contarlos y sólo lo celebro alimentándome con más distinguidas personas, aquellos que hacen de mi caza un festín.
Almirantes y grumetes desaparecí la semana pasada, siguen mi rastro pues soy el único sobreviviente, así que deberé guardar la compostura, pero aun me inquietaba bastante la forma en que Thomas había hablado conmigo hace ya tres semanas en las cercanías de Londres, así que decidí buscar su huella por si lo encontraba antes que él a mi. Era noche de festival en los alrededores del Lago Ness, celebraban la tradición del Monstruo, por lo que sería la noche perfecta para darme un gran festín y así celebrar mi cumpleaños mortal.
Bajé a las orillas del Lago y percibí a muchos otros como yo, me parecía extraño y caso sobrenatural encontrar a una treintena de no-vivos en el mismo lugar, por lo que, gracias a la experiencia, encubrí mi naturaleza alimentándome mucho antes de entrar a sus perímetros, por lo que sólo sentirían el correr de la sangre fresca por mis venas sin despertar las sospechas de que se les unía un invitado un tanto hostil.
Varios de ellos intentaron rastrearme, y perseguirme dentro del festival, pero no podría dejar que simples Vampiros me tomaran por sorpresa e intentaran cometer suicidio, me parecia algo inexplicable, por lo que audazmente me escabullía sin despertar más sospechas. Y así permanecí durante algunas horas mientras encontraba mi presente de cumpleaños, hasta que al final le hallé, un joven rubio, alto y fornido, que bailaba y seducía a una jovencita un tanto más baja que él, por lo que decidí que ambos serían el mejor regalo para mí.
Los aceché durante un par de minutos, pues no demoraron mucho tiempo antes de alejarse a la oscuridad para así poder mantener un encuentro fugaz en el calor de la fiesta. Se dirigieron cerca de los árboles y sin más comenzaron a besarse y acariciarse por sus cuerpos cada vez más desprendidos de sus vestimentas, hasta que sutilmente unían sus cuerpos en una cálida relación de extraño amor, yo hace años que ya no sentía el placer al realizar dichos actos, por lo que me gustaba observarlos desde mi escondite hasta que culminarán y ahí disponerme a saciar mi verdadero placer de sangre.

Varios instantes los observé escondido de ellos y otros seres que vigilaban y recorrían aquellos árboles, pero aún así no pude prever la sorpresa que me daría mi primer encuentro con Matías de Ness, el anfitrión vampirico de aquella zona.

Subió a mi árbol y al sentirlo comenzamos una intrépida carrera por los alrededores de la fogosa pareja, los cuales al llegar al culmine de su relación no volvieron a saber más de sí, pues mis blancos dientes se aferraban del sudado cuello de aquel joven al cual habia seguido y los dientes de mi perseguidor penetraban entre el enredado cabello que yacía sobre el cuello de aquella bella joven que había sido capturada por el hechizo de su último amor.
Cuando ambos terminamos de saciar nuestros placeres nos observamos, yo aun cargaba entre mis brazos el cuerpo de mi amante mientras él lanzaba al suyo por entre los árboles hacia las orillas del Lago.

- Matías de Ness. Mucho gusto.

- Ehmya. Simplemente Ehmya.

Y así nos dirigimos nuevamente al centro del festival y antes que comenzara el show principal, el cual estuvo lleno de bailarinas y bailarines, cantantes, humoristas, humo y fuegos de artificio lanzados desde el centro del Lago para continuar con la música y los bailes entre los participantes. Así que comencé a bailar junto a él, con él, lo que le produjo una sonrisa en su cara que no había visto en otro Vampiro, era una sonrisa tímida y vergonzosa, con decir que hasta un rubor en sus mejillas me pareció vislumbrar.
Mientras bailaba me percaté de que estábamos siendo rodeados de muchas personas que no pertenecían al festival ni que participaban de él, pues estaban en extraña posición, intenté advertirle a Matías de lo que presentía pero me hizo callar y dirigir mi mirada hacia los árboles.

Lo que ví me sorprendió y creo que nada podría haberme hecho entender como era que los Licántropos actuaban para conseguir su alimento, lo que vi fue a un lobo grande y fornido destrozando la delicada carne de lo que había sido mi regalo de cumpleaños, mientras otro lobo de menor tamaño destrozaba a un Vampiro recién alimentado y ambos miraron hacia el centro del baile, donde nos encontrábamos con Matías, el cual con un rápido y vertiginoso movimiento me empujó hacia el lado donde no se encontraban ellos, a lo que parecía el único lugar seguro de ellos.

- ¿Qué fue eso que acabamos de ver Matías?

- Licántropos, ya los había presentido, pero no pensé que se atreverían a atacar con tantos Vampiros dando vuelta por el festival.

- ¿Licántropos? ¿Hombres-Lobo?

- Si, y los más fieros que hayas visto, son pocos los que atacan en festividades así, y menos sólo un grupo son los que se atreven a internarse en un espacio atestado de Vampiros, y son el Escuadrón de Gustave DerMond, los encargados de continuar la tonta venganza de su padre contra todos aquellos seres que potencialmente podrían aniquilar su especie.

- ¿Dermond, Gustave DerMond?

- Si, ¿Lo conoces?

- Una extraña Elfa Nocturna me hablo de un tal Francois DerMond

- El Padre de los Licántropos y creador de la Prisión del Sol.

- Si, el mismo.

- Bien, entonces supongo esa misma Elfa te habló de su único hijo, Gustave.

- Si, me parece que sí.

Y al terminar de pronunciar estas palabras una ronca voz se oyó detrás de nosotros, por entre los profundos arbustos que formaban nuestro escondite.

- Así que por lo menos saben quien es Gustave DerMond.

Si, era él, nada más eso faltaba a mi extraña noche de cumpleaños, la visita de Gustave DerMond, el más grande de los Licántropos vivos y de los que se conocía existencia verídica, pues aun el paradero de Francois, su padre, se desconocía.

- Oh! Gustave, te presentó a Ehmya, él proviene de Londres según me parece, acaba de llegar ayer en aquél barco que traía tu alimento.

Aquella extraña cita hizo que un escalofrío recorriera mi espalda y alistara para la huida, no entendía mucho lo que entre ellos ocurría, pero sabía que aquél festín que había degustado sobre el Lobo Marino III le pertenecía a otras criaturas, lo que me convertía en un ladrón de alimentos.

- Así que fuiste tú quien se alimentó de toda la tripulación abordo y dejó a mis indefensos amigos sin su alimento... ¿Qué puedes decir a tú favor?

Mientras pensaba en las palabras que tendría que utilizar para así poder librarme de tan alarmante confusión, un extenso frío abarcaba aquél claro y los Licántropos que había presentido se acercaban y acorralaban desde las oscuras sombras de los árboles mientras la luna llena iluminaba tan claramente la cara e ira de Gustave.

- Podría decir, a mi favor, que desconocía tus territorios y aún más, desconocía que aquellos humanos serían vuestro alimento. Pero aún así, creo aquello no es justificación, por lo que desearía le cobrarán a mi antiguo maestro mi falta de respeto, pues él debió haberme enseñado tanto las historias de vuestro padre como los territorios de vuestra naturaleza y las traiciones de los Vampiros de Ness... Por lo que sí me permitís, aun más...

- ¡Nada! ¿Y quién sería vuestro maestro para así saldar la cuota del alimento robado?

- Sir Thomas de Normandie.

Sabia que aquél nombre asustaba a muchos Vampiros y que sabiendo sobre mi antecesor, provocaría un cambio en el trato hacia el Príncipe de la Oscuridad, pero aún así desconocía los motivos de Gustave y aún más, sus pensamientos hacia Thomas.
No demoró mucho en que mis palabras atravesaran los oídos de Matías y éste desapareciera huyendo por entre los Licántropos, quienes no notaron su ausencia hasta que la nube que en aquellos momentos ocultaban la Luna, pasara y dejara aquél claro totalmente iluminado, por lo que fue en aquél momento que comprendí que aquellos seres no alcanzaban la velocidad de un Vampiro experimentado como Matías y que si las cosas comenzaran a verse más complicadas podría huir a menos que Matías y sus amigos impidieran mi paso por entre el bosque.

- Me parece que no sabes cual es mi noción respecto a los Vampiros.

- No, no la sé, si usted fuese tan noble de explicármela.

- Es simple... No sé nada de Vampiros... Sólo sé que debo aniquilarlos y desaparecerlos... Y ese tal Matías de Ness, pronto conocerá su destrucción al desaparecerse y no enseñarme a sus mismos.

- ¿Usted no puede diferenciarnos de seres comunes y corrientes?

- Me parece que no fui claro...

- Pues no, no lo ha sido. - Pensé que me encontraba en elevada superioridad frente a los Licántropos, mientras notaba que Gustave comenzaba a enfurecerse cada vez más.

- Bueno, te has ganado mi respeto Sir Ehmya de Londres...

- Simplemente Ehmya, Sir Ehmya.

- Perdón, Sir Ehmya, por lo que tienes a los Licántropos como aliados y el nombre de Gustave DerMond como testigo de ello, si alguna vez quisieras nuestra protección no dudéis en pedírmela, sólo ten cuidado que aquellos que no se mantienen junto a mi.

- Muchas gracias Sir Gustave DerMond, también podéis contar con la protección bajo mi persona y la de mis amantes en Londres, simplemente preguntáis por mí en las cercanías de Montrieü y os dirán mi dirección, la única oposición sería que cazarais a mis iguales bajo mi tutela. Sin más, debo ir a encontrarme con Matías de Ness. Mil perdones por su alimento y mi falta de tiempo.

- No os preocupéis, estoy seguro que nos encontraremos por Londres alguna vez y no veo problemas en que deba marcharse, sólo le pediré que avise a Sir Matías de Ness que ha traicionado su palabra frente a los Licántropos.

- De vuestra parte sus saludos. Adiós.

Y desaparecí entre las tinieblas que dejaba aquella nube al interponerse entre la Tierra y la Luna. Me dirigí rápidamente al lugar del festival para así comprobar que yacían varias muertes en el suelo y a Matías caminando entre ellos, apenado y confundido.

- Sir Matías de Ness, ¿Qué es todo esto?

- Ha matado a todos los Vampiros de esta zona, no sé como ha descubierto la forma de identificarnos entre los humanos, pero ha vuelto polvo a todos aquellos que compartían del festival y poseían nuestra misma naturaleza.

- Pero... no era que no podía hacerlo...

- Lo mismo pensé.

Y aún así me había dejado escapar, no podía entender porqué Gustave, teniéndome rodeado no intentó atacarme en aquél momento y peor aún, me había ofrecido su amistad, sólo por haber mencionado a Thomas de Normandie como mi antiguo maestro, cuales serían sus planes y los pensamientos que golpeaban en su mente en bajo aquella luna que brillaba sin cesar sobre nuestros cuerpos y mentiras.

- ¿Dijo que me aniquilaría? - Rompió el silencio Matías mientras me dirigía a una posada para descansar antes de la llegada de la mañana.

- Sólo dijo que habías traicionado tu palabra.

- Es lo mismo para él, pero... ¿Tú no has sido lastimado?

- No, me ofreció su ayuda al poco tiempo que te hubiese esfumado del lugar.

- Por lo visto sólo iba a deshacerse de mi.

- Pero, ¿Qué a pasado entre ustedes para llegar a esto?

- Si te quedas junto a mi durante un tiempo podré contarte todo lo que desees y así ayudarte a mantener relaciones con otras criaturas exceptuando Vampiros - Y una gota de rubor encendió sus mejillas mientras disimulaba su nerviosismo frente a mi respuesta.

- Bueno, deseo enterarme más sobre los DerMond y sobre ti - Abalanzándome frente a Matías le aferré la cabeza, lo miré con fuerza a esos verdes ojos que se encendían cada vez más me acercaba a sus labios, hasta besarlo y cortarle el labio con mis colmillos para así relamer los míos con su sangre cayendo por mi barbilla.

No hay comentarios.: