Ama y deja amar... Pero ámame y no me podrás dejar.
Sabias desde un principio lo que sentías por mi, sabias desde un principio lo que sentía yo por ti, pero aun así nos unimos en esta pseudo amistad, nos unimos para saber hasta qué punto podríamos llegar, sabíamos perfectamente las situaciones que ésto podría llegar a desatar, pero nos arriesgamos y aun no nos encontramos.
Desde la primera vez que te vi, en tus ojos encontré aquella paz que mi alma errante no podía hallar, percibí en aquél intenso color la tranquilidad que buscaba mi corazón, el cual reaccionó y se sometió a viva voz, pero que no quisiste oír. Aquella tarde que te encontré me sentí atraído por tu piel, tu olor me sedujo y tu voz impacientó, sólo tus ojos me dieron un poco de tranquilidad, pero no eras lo que yo quería que fueras, ni sabia si sentías lo que yo quería que sintieras.
Eramos dos completos desconocidos, no sabíamos nada el uno del otro, pero aún así yo te comprendí, supe que tu oculta soledad se debía a tu miedo a dañar a los demás, supe que aquella falsa felicidad que a todo el mundo demostrabas no era más que la careta del sufrimiento en tu eternidad. Sólo dos desconocidos que comenzaban a conocerse, benditos aquellos amigos que nos presentaron y más benditas las circunstancias que nos permitieron seguir juntos.
Está bien, lo reconozco, sé que no debí amarte como comencé a amarte ni debí pretender que llegarías a amarme en momentos como aquellos, pero no podía dejar de pensar en ti, no podía sacarte de mis pensamientos ni podía siquiera alejarte de mi corazón. Así intenté camuflar toda aquella encendida pasión en una amistad desbordada y sin control, celoso de tus cercanos, extraño a tus pasiones y como observador de tus romances. Aún así y con toda mi atención puesta sobre ti, jamás vi que ocultarás también cosas por mi, en la ceguera que provocaban mis anhelos por ti no me di cuenta que también eran celos los que sobre mi ejercías, que era rabia cuando de mis amoríos te confesaba y que era amor lo que en aquellas noches me expresabas diciendo te quiero, diciendo cuídate, diciendo te espero.
Pero aún así ninguno fue valiente, ninguno quiso hablar, ninguno quiso reaccionar... Ingenuos de lo que nos esperaba, sin comprender lo que sucedería...
Tu matrimonio... Dolores y angustias era lo que te expresaba y no aquella bien actuada felicidad que observabas, pero no podía confesártelo en aquél momento, no podía en un día tan importante para ti, no podía hacerlo siendo mi mejor amigo, mi único amigo en aquél momento. No pude y no lo hice, no quise arruinar tu boda, no quise arruinar tu vida... Nunca quise dañarte ni nunca esperé hacerlo.
Años iban y años continuaban, pero mi amor por ti no declinaba... Aquellos meses que no nos vimos fueron tormentos clavados en mi piel, marcados cual hierro al rojo vivo en mi alma haciéndola sangrar... Pero no podías saber lo que me hacia alejarme de ti, no podías saber porque me iba y no te volvía a ver.
Bueno, no tiene sentido remover el pasado, no tiene sentido recordar el dolor que me causaba el temor y la cobardía de confesarte todo mi amor.
Pero ahora no, ahora creo que es el momento en que te vea a los ojos y te cuente que fue de mi todos estos años, que fue de mi luego que supe que tendrías un hijo, que fue de mi y que fue del sentimiento que me alejó de ti aquella extraña noche de lluvia fuera de tu casa. Creo que es el mejor momento, creo que no puedo guardarlo más...
Y aunque sé que no me podrás escuchar, quiero que sepas que leí la carta que me enviaste, la última carta que escribiste, quiero que sepas que también, siempre te ame, y lo seguiré haciendo, quiero decirte que te amo más que antes y quiero que sepas que todo lo que hice fue por tu felicidad, que jamás te quise hacer llorar y que jamás te quise lastimar... Te amo, te amo... Mi amor... Y siempre te amaré... Tu carta ahora me acongoja y mis lágrimas sobre aquella fría roca son absorbidas, ya no queda más tiempo ni nos queda más que conversar. Fuimos los mejores amigos por miedo a expresar nuestra verdad... Dos hombres que se aman no es antinatural al hombre ni una enfermedad, sino que es un obstáculo creado por la sociedad que confiere mayor veracidad al sentimiento que nos mantuvo vivos y en constante recuerdo, y que nosotros no pudimos saltar... Ahora puedo decirlo, ahora digo y grito te amo... Sólo que ahora que me atreví a hacerlo no hay oídos que escuchen ni boca que me corresponda... Jamás supe lo que fueron tus besos y jamás supe lo que serían tus abrazos al despertar, tu rostro sobre mi almohada y tu sonrisa cada madrugar... Ahora que puedo amarte no estás...
El secreto de tu carta morirá conmigo y que en tu muerte mi recuerdo haya estado presente... Así descansaré en paz sabiendo que siempre me amaste y que jamás me pudiste olvidar...
Desde la primera vez que te vi, en tus ojos encontré aquella paz que mi alma errante no podía hallar, percibí en aquél intenso color la tranquilidad que buscaba mi corazón, el cual reaccionó y se sometió a viva voz, pero que no quisiste oír. Aquella tarde que te encontré me sentí atraído por tu piel, tu olor me sedujo y tu voz impacientó, sólo tus ojos me dieron un poco de tranquilidad, pero no eras lo que yo quería que fueras, ni sabia si sentías lo que yo quería que sintieras.
Eramos dos completos desconocidos, no sabíamos nada el uno del otro, pero aún así yo te comprendí, supe que tu oculta soledad se debía a tu miedo a dañar a los demás, supe que aquella falsa felicidad que a todo el mundo demostrabas no era más que la careta del sufrimiento en tu eternidad. Sólo dos desconocidos que comenzaban a conocerse, benditos aquellos amigos que nos presentaron y más benditas las circunstancias que nos permitieron seguir juntos.
Está bien, lo reconozco, sé que no debí amarte como comencé a amarte ni debí pretender que llegarías a amarme en momentos como aquellos, pero no podía dejar de pensar en ti, no podía sacarte de mis pensamientos ni podía siquiera alejarte de mi corazón. Así intenté camuflar toda aquella encendida pasión en una amistad desbordada y sin control, celoso de tus cercanos, extraño a tus pasiones y como observador de tus romances. Aún así y con toda mi atención puesta sobre ti, jamás vi que ocultarás también cosas por mi, en la ceguera que provocaban mis anhelos por ti no me di cuenta que también eran celos los que sobre mi ejercías, que era rabia cuando de mis amoríos te confesaba y que era amor lo que en aquellas noches me expresabas diciendo te quiero, diciendo cuídate, diciendo te espero.
Pero aún así ninguno fue valiente, ninguno quiso hablar, ninguno quiso reaccionar... Ingenuos de lo que nos esperaba, sin comprender lo que sucedería...
Tu matrimonio... Dolores y angustias era lo que te expresaba y no aquella bien actuada felicidad que observabas, pero no podía confesártelo en aquél momento, no podía en un día tan importante para ti, no podía hacerlo siendo mi mejor amigo, mi único amigo en aquél momento. No pude y no lo hice, no quise arruinar tu boda, no quise arruinar tu vida... Nunca quise dañarte ni nunca esperé hacerlo.
Años iban y años continuaban, pero mi amor por ti no declinaba... Aquellos meses que no nos vimos fueron tormentos clavados en mi piel, marcados cual hierro al rojo vivo en mi alma haciéndola sangrar... Pero no podías saber lo que me hacia alejarme de ti, no podías saber porque me iba y no te volvía a ver.
Bueno, no tiene sentido remover el pasado, no tiene sentido recordar el dolor que me causaba el temor y la cobardía de confesarte todo mi amor.
Pero ahora no, ahora creo que es el momento en que te vea a los ojos y te cuente que fue de mi todos estos años, que fue de mi luego que supe que tendrías un hijo, que fue de mi y que fue del sentimiento que me alejó de ti aquella extraña noche de lluvia fuera de tu casa. Creo que es el mejor momento, creo que no puedo guardarlo más...
Y aunque sé que no me podrás escuchar, quiero que sepas que leí la carta que me enviaste, la última carta que escribiste, quiero que sepas que también, siempre te ame, y lo seguiré haciendo, quiero decirte que te amo más que antes y quiero que sepas que todo lo que hice fue por tu felicidad, que jamás te quise hacer llorar y que jamás te quise lastimar... Te amo, te amo... Mi amor... Y siempre te amaré... Tu carta ahora me acongoja y mis lágrimas sobre aquella fría roca son absorbidas, ya no queda más tiempo ni nos queda más que conversar. Fuimos los mejores amigos por miedo a expresar nuestra verdad... Dos hombres que se aman no es antinatural al hombre ni una enfermedad, sino que es un obstáculo creado por la sociedad que confiere mayor veracidad al sentimiento que nos mantuvo vivos y en constante recuerdo, y que nosotros no pudimos saltar... Ahora puedo decirlo, ahora digo y grito te amo... Sólo que ahora que me atreví a hacerlo no hay oídos que escuchen ni boca que me corresponda... Jamás supe lo que fueron tus besos y jamás supe lo que serían tus abrazos al despertar, tu rostro sobre mi almohada y tu sonrisa cada madrugar... Ahora que puedo amarte no estás...
El secreto de tu carta morirá conmigo y que en tu muerte mi recuerdo haya estado presente... Así descansaré en paz sabiendo que siempre me amaste y que jamás me pudiste olvidar...
Ama y deja amar... Pero ámame y no me podrás dejar.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario