Secas el hondo mar que de mi corazón nace y llenas de virtudes las más insignificantes molestias, pero todo juego siempre termina y el tuyo ha llegado a mal puerto, donde entre las lánguidas sombras y robles caídos se desvanece mi amor en fugaces llamaradas.
Haces que mi ansiada poesía se convierta en nada más que tuya y vacía, y de entre colores y fragancias mi mundo llenabas de templanza, pero desde ahora no queda si no, sólo un eco de tus fracasos.
Me desvanezco en el infinito de tu inmensidad y culmina mi fuerza en la suave tristeza de tu soledad haciendo que tires con brutalidad la fotografía que me tomaste allá, para así finalizar todo contacto con esta cruda realidad. Y si intentarás sobrevivir dentro de mi, no me quedará otra que ahogar mi propia verdad en el suplicio de la incredulidad y la frialdad que te caracterizan.
No nos quedan días que vivir ni noches que dormir, sólo nos queda el deseo incógnito de no saber si en realidad queremos sufrir o nos queremos sentir... Adiós no basta cuando las palabras sobran y abrazos hieren el corazón que tocan.
Haces que mi ansiada poesía se convierta en nada más que tuya y vacía, y de entre colores y fragancias mi mundo llenabas de templanza, pero desde ahora no queda si no, sólo un eco de tus fracasos.
Me desvanezco en el infinito de tu inmensidad y culmina mi fuerza en la suave tristeza de tu soledad haciendo que tires con brutalidad la fotografía que me tomaste allá, para así finalizar todo contacto con esta cruda realidad. Y si intentarás sobrevivir dentro de mi, no me quedará otra que ahogar mi propia verdad en el suplicio de la incredulidad y la frialdad que te caracterizan.
No nos quedan días que vivir ni noches que dormir, sólo nos queda el deseo incógnito de no saber si en realidad queremos sufrir o nos queremos sentir... Adiós no basta cuando las palabras sobran y abrazos hieren el corazón que tocan.
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